Un ejemplo para todos los jóvenes

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J.C Ryle

Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua; y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. Y pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y los conocidos; pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole. Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas (Lucas 2:41-47).

Podemos extraer del pasaje un ejemplo para todos los jóvenes. Lo tenemos en la conducta de nuestro Señor Jesucristo cuando fue dejado solo en Jerusalén con 12 años. Durante cuatro días estuvo lejos de María y José. Durante tres días le buscaron sin saber qué le había acontecido. ¿Quién puede imaginarse la ansiedad de una madre así al perder a un hijo así? ¿Y dónde le encontraron al final? No perdiendo el tiempo o metido en alguna travesura, como harían muchos niños de doce años. No en compañías vanas o inútiles. “Le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley” oyendo lo que tenían que decirle y preguntándoles cosas que deseaba que le explicaran.

Así debería ser en el caso de los miembros más jóvenes de las familias cristianas. Deberían estar preparados y ser dignos de confianza a espaldas de sus padres así como delante de ellos. Deberían buscar la compañía de los sabios y prudentes y utilizar cada oportunidad para adquirir conocimiento espiritual antes de que vengan sobre ellos las preocupaciones de la vida y mientras son frescas y fuertes.

Que los jóvenes cristianos valoren bien estas cosas y sigan el ejemplo de la conducta de Jesús a la edad de 12 años. Recuerden que, si son suficientemente mayores para hacer el mal, también lo son para hacer el bien; y que, si pueden leer libros de Historia y hablar, también pueden leer sus biblias y orar. Recuerden que son responsables ante Dios aun cuando son jóvenes y que está escrito que Dios “oyó la voz del muchacho” (Génesis 31:17). ¡Felices en verdad son aquellas familias en las que los hijos buscan al Señor temprano y no causan lágrimas a sus padres! ¡Felices son aquellos padres que pueden decir de sus hijos e hijas cuando están ausentes: “Puedo confiar en que mis hijos no correrán intencionadamente hacia el pecado”!

Usado con permiso

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Extracto de “Lucas 1-10, Meditaciones sobre los Evangelios” por J.C. Ryle. Reservados todos los derechos. Este libro está disponible en Cristianismo Histórico.