“No juzguéis, para que no seáis juzgados”

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J.C. Ryle

No juzguéis, para que no seáis juzgados (Mateo 7:1).

Es posible presionar las palabras de la Biblia hasta un punto en que ya no destilan medicina, sino veneno.

Cuando nuestro Señor dice: “No juzguéis”, no quiere decir que esté mal, en toda circunstancia, hacer un juicio desfavorable sobre la conducta u opinión de otros. Debiéramos tener opiniones firmes: tenemos que “examinarlo todo”; tenemos que “probar los espíritus” (cf. 1 Tesalonicenses 5:21; cf. 1 Juan 4:1). Ni tampoco quiere decir que esté mal reprobar los pecados y faltas de otros a menos que nosotros mismos seamos perfectos y sin falta. Tal interpretación supondría una contradicción de otras partes de la Escritura; haría imposible la condenación del error y de la falsa doctrina; excluiría toda vocación de ser ministro o juez. La Tierra sería “entregada en manos de los impíos” (Job 9:24); se multiplicaría la herejía; abundaría el mal.

Lo que nuestro Señor pretende condenar es una actitud condenatoria y crítica. La disposición a culpar a los demás por ofensas insignificantes o cuestiones de poca importancia, el hábito de expresar opiniones negativas precipitadamente, el estar siempre listo para recalcar los errores y defectos de nuestros semejantes, y de este modo rebajarlos; esto es lo que nuestro Señor condena.

El amor cristiano nos enseña a no apresurarnos a buscar las faltas y a pensar lo mejor de otros.
(1 Corintios 13:7.)

Extracto de “Mateo, Meditaciones sobre los Evangelios” por J.C. Ryle. Reservados todos los derechos. Este libro está disponible en Cristianismo Histórico.