Los peligros de las malas compañías

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J.W. Alexander

Mi querido hermano: Desde tu más tierna infancia te han enseñado a evitar las malas compañías, y espero que cada vez más veas la importancia que eso tiene. Nuestros modales, nuestros hábitos y nuestra manera de pensar quedan recopilados en gran medida por las personas con las que nos relacionamos. Si te agrada estar en compañía de muchachos perezosos, irreligiosos o profanos, es señal segura de que ya estás contaminado. Y cuanto más tiempo continúes en su compañía, más dañado resultarás.

En todas las escuelas hay algunos muchachos que son seductores y corruptores del resto; no siempre son maleducados o insolentes, ni tan manifiestamente malvados como para sorprenderte en el momento de conocerlos. Con frecuencia son jóvenes de buenos modales y agradable conducta; pero bajo su manto, son falsos, malvados o licenciosos. Cuando les conoces por primera vez, eres encantado por su agradable conducta; y pasa bastante tiempo hasta que descubres cuál es su verdadero carácter.

Hay un dicho de un poeta latino que es muy cierto: “Nunca nadie se hizo libertino de repente”. Los primeros pasos son muy sutiles, y el progreso es casi imperceptible. Cuando un muchacho que ha sido piadosamente educado se encuentra por primera vez entre compañeros impíos, se siente asombrado ante su maldad; tiembla cuando los oye blasfemar el nombre de Dios, y se aparta de su presencia. Su conversación inmodesta le hace sonrojar, y cuando ellos cuentan falsedades deliberadas, él se asusta ante su atrevimiento. Después de haber estado algún tiempo en compañía de ellos, esa alarma y ese horror ceden. A él le sigue disgustando sus malvadas palabras y actos, pero su oído se familiariza con los sonidos impíos, y comienza a acostumbrarse a sus impiedades.

Quizá una curiosidad infantil le conduzca a mezclarse en su círculo, y a escuchar sus cuentos; gradualmente se vuelve indiferente a lo que al principio le causaba tanto asombro. “Las malas conversaciones corrompen los buenos modales”1, y cada vez más se agrada de la compañía de ellos. A menos que sea refrenado por la gracia divina, se volverá cada día peor. Comenzando con necias exclamaciones y medidas groserías, finalmente desea aparentar hombría y exaltación, y se aventura a utilizar alguna expresión profana. Cuando diga su primera grosería, es probable que se ponga pálido o que sienta un escalofrío interior; pero gradualmente eso desaparece. Siente vergüenza de sus principios, y trata de hacer ver a sus compañeros que él es tan valiente como ellos mismos. Así sigue siendo su proceder (si no es estorbado), hasta que se convierte en un completo libertino.

¡Ay! Ese es el curso que siguen muchos jóvenes por los que se han derramado lágrimas de piedad. Más de un joven ha continuado de esa manera hasta romper el corazón de una tierna madre, y haber hecho que sus canas desciendan con dolor al Seol2. Las malas compañías son una de las causas principales que contaminan a la juventud. Sin malos compañeros, ellos no aprenderían a jurar, a maldecir o a utilizar un lenguaje grosero; sin malos compañeros, ellos no serían tentados a probar bebidas embriagadoras, a jugar juegos de azar o a ser deshonestos. Es probable que Satanás tiente igualmente mediante personas malvadas (que son sus herramientas), como lo hace directamente mediante sus propias sugerencias a nuestros corazones.

Al igual que uno no puede tocar la brea3 sin mancharse, ninguna persona joven puede estar mucho tiempo con compañeros malvados sin ser corrompido. No te engañes con respecto a esto. Todos pensamos muy bien de nuestra propia determinación, y quizá te halagues a ti mismo pensando que no eres influenciado por los malos compañeros. “Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga”4. La única seguridad está en la huida. No puedes orar con sinceridad: “No nos metas en tentación”5 si corres a juntarte con malas compañías, que es una de las peores de todas las tentaciones. Puede que sea obligación de algunas personas estar entre los malvados, para hacerles bien; al igual que puede ser la obligación de algunas personas acudir a un incendio, para sofocarlo. Pero sería el colmo de la necedad presuntuosa caminar entre las violentas llamas sin necesidad; y es igualmente presuntuoso y necio frecuentar la compañía de los malvados.

Una de las principales desventajas de la compañía impía es que evita o destruye las marcadas huellas en el corazón. En cuanto un joven malvado percibe que uno de entre los suyos está pensando en la religión, todos ellos se abalanzan sobre él para ridiculizarlo; y en demasiados casos tienen éxito en su propósito. El pobre e iluso cobarde tiene más temor del desprecio de ellos que de la ira de Dios, y se avergüenza de que se sepa que él ora o lee la Biblia. Miles y miles han sido alejados de ese modo de la puerta de la vida por las mofas de los burladores. Ahora bien, mi querido hermano, ya que valoras tu alma inmortal, guárdate de eso. Nunca te avergüences de Cristo; y para evitar esta tentación, rehúye todos los compañeros malvados. Considera con atención quiénes son tus amigos íntimos. Si hay entre ellos un solo muchacho que sea perezoso, profano, lascivo, mentiroso, falso o peleón, rechaza a ese muchacho. Rompe toda relación con él de inmediato, y evita todo lo posible hablar con él o hacer cosas con él. No tienes por qué ofenderle, pero debes asegurarte de rehuir su compañía. El Salmista describe al hombre bueno como alguien que “no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores”6. Salomón dice: “Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir, no consientas […]; hijo mío, no andes en el camino con ellos, aparta tu pie de su senda”7. Lee también los siguientes pasajes: “No entres en la senda de los impíos, ni vayas por el camino de los malvados. Evítalo, no pases por él; apártate de él y pasa adelante”. “Abandonad la necedad y viviréis, y andad por el camino del entendimiento”. “El que anda con sabios será sabio, mas el compañero de los necios sufrirá daño”8.

Al comportarte del modo que te recomiendo, es posible que puedas desagradar a algunos de tus compañeros de escuela; pero es mejor desagradarlos que ofender a Dios. Y al final, es muy probable que aun ellos vean que tu manera de vivir es mejor que la suya. Recuerda que el sendero de la juventud está plagado de peligros, y pide ayuda a Dios y enseñanza de su Palabra. “¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra”9. Adiós.

Con afecto de tu hermano:

James

Notas:
1 1 Corintios 15:33.
2 Génesis 42:38; 44:29, 31.
3 Cualquiera de varias sustancias espesas, oscuras y pegajosas que se obtienen de los residuos de destilación de alquitrán de carbón, de madera o petróleo.
4 1 Corintios 10:12.
5 Mateo 6:13.
6 Salmo 1:1.
7 Proverbios 1:10.
8 Proverbios 4:14-15 (énfasis añadido); 9:6; 13:20.
9 Salmo 119:9.

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Extracto de “El guardián de mi hermano” por J.W. Alexander. Reservados todos los derechos. Este libro está disponible en Cristianismo Histórico.