A los obreros que están pasando por grandes dificultades

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Charles H. Spurgeon

He vivido días cuando las perplejidades me gustaban, los dilemas me encantaban y, en lugar de rechazar una tarea difícil, la cumplía con placer. Aun ahora, me gusta tratar de resolver un problema e intentar hacer lo que otros rechazan. Nada que valga la pena en este mundo puede lograrse sin dificultad. Los diamantes más grandes se encuentran bajo rocas pesadas que los perezosos no pueden quitar. Casi no vale la pena hacer las cosas fáciles. Frente a las dificultades, el hombre de espíritu apasionado y perseverante, cobra ánimo, agudiza su mente y se vale de toda su capacidad para lograr un objeto que recompense sus esfuerzos. ¿Tiene usted muchas dificultades, querido amigo? No es el primer obrero de Dios a quien le ha tocado enfrentar dificultades. Pensemos nuevamente en Moisés. Su misión era sacar a Israel de Egipto, pero hacerlo no era tan simple. Tenía que presentarse ante el Faraón y comunicarle el mandato de Dios. Faraón no le hizo caso cuando le dijo: “Deja ir a mi pueblo” (Éx. 5:1). El orgulloso monarca se sorprendió en gran manera al oír que alguien, especialmente un hebreo, le hablara de ese modo, y lo echó de su presencia. Pero él volvió diciendo: “Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo” (Éx. 8:1) y, ni así, su valentía se vio coronada con un éxito inmediato. Los egipcios sufrieron una plaga tras otra hasta que al fin se quebrantó el corazón del orgulloso Faraón, los israelitas fueron librados de la mano del que los aborrecía y Egipto se alegró cuando partieron. No obstante, éste no era más que el comienzo de la misión de Moisés. La suya fue una vida difícil: El hombre más humilde, pero el más provocado. Hasta haber llegado al monte Nebo donde su Señor despidió su alma, nunca dejó de sufrir dificultades.

Ningún bien, afirmo, especialmente ningún bien realizado para Dios, está exento de dificultades y no es resistido por el adversario. Fíjese en Nehemías, Esdras, Zorobabel y aquellos que reedificaron la ciudad de Jerusalén. Estos buenos hombres trabajaron con dedicación, pero Sanbalat y Tobías se burlaban y reían de ellos, y trataban de derrumbar el muro. Si alguien edifica una ciudad sin dificultad, puede estar seguro de que no será Jerusalén. En cuanto empezamos a trabajar para Dios, nos topamos con un gran poder que obra contra nosotros. Si encontramos oposición, considerémoslo como una buena señal. Cuando nuestros jóvenes van a algún pueblo para predicar y quiero saber cómo les va, después de escuchar sus historias, pregunto: “¿Te ha calumniado alguien ya? ¿Dicen los periódicos que eres un tonto?”. Si me contestan que no, deduzco que poco están haciendo.

Cuando la causa de Cristo prospera, el mundo reprende al ganador de almas. Si perjudica usted al reino del diablo, éste le atacará. Si su senda es llana, es porque él dice: “No hay nada que me perjudique en las palabras monótonas de ese hombre. No necesito lanzarle la flecha llameante de la calumnia. Es insignificante. Lo dejaré tranquilo”. El hombre así, por lo general, se pasa la vida muy cómodo. La gente dice: “Es un hombre callado y tranquilo”. No queremos soldados como él en el ejército de Cristo. “¡Qué persona tan molesta!”, dijo cierta vez un rey acerca de un oficial cuya espada golpeteaba el piso. “Esa espada de él no le puede hacer mal a nadie”.

“Su Majestad”, contestó el oficial, “eso es exactamente lo que sus enemigos creen”.

Cuando los impíos dicen que molestamos, no nos importe que no nos quieran. Si los enemigos del rey creen que somos alborotadores, tomémoslo como un gran elogio. Cuando usted, mi querido hermano, se encuentra con oposición, responda con oración. Tenga más fe. Los antagonistas nunca debieran impedirle marchar adelante en la causa de Cristo. El diamante sólo con diamante se corta. No hay nada en este mundo que sea tan duro que no se pueda cortar con algo más duro. Si le pide a Dios que le arme el alma de valor hasta lograr la conquista y que haga que su determinación sea firme como una roca diamantina, podrá abrirse paso por una montaña de duro diamante en el servicio de su Señor y Maestro.

Quiero ahora animarlo a que sea valiente ante los que lo atacan. Las fuerzas que se han juntado en su contra pueden ser piedra de tropiezo para los necios, pero resultarán ser un estímulo para los fieles. Un día, su honor será mayor y su recompensa superior por estos elementos adversos. Por lo tanto, sea valiente y no tema, marche adelante con el poder de Dios.

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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Influyente pastor bautista en Inglaterra. El predicador más leído de la historia (excepto los que se encuentran en las Escrituras). En la actualidad, hay en circulación, más material escrito por Spurgeon que de cualquier otro autor cristiano, vivo o muerto. Nacido en Kelvedon, Essex.

Tomado de un sermón predicado en el Tabernáculo Metropolitano, Newington, reimpreso por Pilgrim Publications.

Publicado con permiso de Chapel Library.