Examen de nuestro arrepentiento

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Thomas Watson

Si alguno dice que se ha arrepentido, le insto a probarse seriamente a sí mismo por los siete… efectos del arrepentimiento que el Apóstol consigna en 2 Corintios 7:11.

1. Solicitud: La palabra griega significa solícita diligencia o cuidadoso rechazo de toda tentación a pecar. El verdadero arrepentido huye del pecado como lo hizo Moisés de la serpiente.

2. Defensa: La palabra griega es apología. El sentido es este: aunque seamos muy solícitos, sin embargo, por el poder de la tentación, podemos caer en pecado. Aquí en este caso, el alma arrepentida no permitirá que el pecado se quede como una llaga purulenta en su conciencia, más bien se juzga a sí misma por su pecado. Derrama lágrimas delante del Señor. Implora misericordia en el nombre de Cristo y nunca se conforma hasta recibir su perdón. Aquí es quitada la culpa de su conciencia y puede presentar una apología de sí misma contra Satanás.

3. Indignación:
El espíritu del que se arrepiente del pecado hierve, como le hierve la sangre cuando se encuentra con alguien que aborrece con todo su ser. La indignación es estar angustiado de corazón por el pecado. El arrepentido está disgustado consigo mismo. David se denomina a sí mismo… torpe y bestia (Sal. 73:22). Dios nunca está más contento con nosotros que cuando estamos disgustados con nosotros mismos por nuestro pecado.

4. Temor: Un corazón tierno es siempre un corazón tembloroso. El arrepentido ha sentido la amargura del pecado. Esta avispa le ha picado y ahora, teniendo la esperanza de que está reconciliado con Dios, no se acerca más al pecado. El alma arrepentida está llena de temor. Teme perder el favor de Dios, lo cual es mejor que la vida misma. Tiene temor de que le falte diligencia, que no alcance salvación. Tiene miedo de que después de que su corazón se ha ablandado, las aguas del arrepentimiento se congelen y vuelva a endurecerse en el pecado: “Bienaventurado el hombre que siempre teme” (Prov. 28:14)… La persona arrepentida teme y no peca; la persona sin la gracia peca y no teme.

5. Ardiente afecto: En el griego original, esta expresión tiene la connotación de un “fuerte deseo”. Así como una salsa agria abre el apetito, las hierbas amargas del arrepentimiento agudizan el deseo. Pero, ¿qué desea el arrepentido? Desea más poder contra el pecado y ser librado de él. Es cierto, se ha librado de Satanás, pero anda como un prisionero que se ha escapado de la cárcel con cadenas en los pies. No puede caminar con libertad y rapidez en los caminos de Dios. Desea, pues, que las cadenas del pecado le sean quitadas. Quiere ser libre de corrupción. Clama con Pablo: “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Rom. 7:24). En pocas palabras, desea estar con Cristo, y que todo gire alrededor de él.

6. Celo: Es apropiado que deseo y celo se coloquen juntos para mostrar que el deseo ardiente se plasma en labores realizadas con celo. ¡Cómo se ocupa el arrepentido del tema de la salvación! ¡Cómo toma el reino de los cielos por fuerza (Mat. 11:12)! El celo impulsa a buscar la gloria. El celo, al encontrarse ante alguna dificultad, se hace más audaz ante la oposición y pisotea el peligro. El celo hace que el alma arrepentida persista con dolor espiritual contra todo desaliento y oposición, vengan de donde vengan. El celo eleva al hombre más allá de sí mismo para gloria de Dios. Pablo, antes de su conversión, actuaba enfurecido en contra de los santos (Hch. 26:11). Después de su conversión lo juzgaban como un loco por Cristo: “Estás loco, Pablo” (Hch. 26:24). Pero lo suyo era celo, no locura. El celo anima al espíritu y al deber. Causa fervor en la religión, lo cual es para la religión lo que el fuego es para sacrificio (Rom. 12:11). Así como el temor es un freno para el pecado, el celo es una espuela para la responsabilidad.

7. Vindicación: El verdadero arrepentido persigue sus pecados con santa malicia. Quiere la muerte de ellos como Sansón se vindicó de los filisteos por la pérdida de sus ojos. Usa sus pecados como los judíos usaron a Cristo. Les da hiel y vinagre para beber. Crucifica sus lascivias (Gál. 5:24). El verdadero hijo de Dios busca vindicarse sobre todo de aquellos pecados que han deshonrado más a Dios… David, por pecado, mancilló su lecho; después, arrepentido, regó su lecho con lágrimas. Israel había pecado por su idolatría, y después hasta profanaron a sus ídolos: “Entonces profanarás la cubierta de tus esculturas de plata” (Isa. 30:22)… Las mujeres israelitas que se habían estado vistiendo durante horas y habían abusado de sus espejos dominadas por su orgullo, ofrecieron sus espejos para el uso y servicio del tabernáculo de Dios (Éxo. 38:8). Entonces, esos conjuradores que usaban curiosas artes o magia… en cuanto se arrepentían, traían sus libros, y para su vindicación, los quemaban (Hch. 19:19).

Estos son los frutos y productos benditos del arrepentimiento. Si podemos encontrar uno de estos en nuestra alma, hemos alcanzado aquel arrepentimiento del cual nunca hay que arrepentirse (2 Cor. 7:10).

De The Doctrine of Repentance (La doctrina del arrepentimiento)