Cesacionismo: La prueba de que los dones carismáticos han cesado

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115012102015Dr. Peter Masters

¿Enseña definitivamente la Biblia que los dones carismáticos han cesado? ¿Puede probarse el cesacionismo (el punto de vista de que han acabado)? Algunos dicen que el cesacionismo no se puede probar de manera concluyente a partir de la Escritura.

Sin embargo, nosotros creemos que el cese de los dones de revelación y de las señales en el tiempo de los apóstoles se enseña muy claramente en la Palabra de Dios; de hecho, se enseña tan claramente que el punto de vista opuesto tan sólo ha aparecido en los últimos cien años aproximadamente.

El término cesacionismo proviene de las grandes confesiones de fe del siglo XVII, tales como la Confesión de Westminster o la Confesión Bautista. Ambas usan la misma palabra. Al hablar de cómo Dios reveló Su voluntad y la consignó en las Escrituras, las confesiones dicen: “habiendo ya cesado esas maneras anteriores de Dios por las que revelaba su voluntad a Su pueblo”. Esta palabra, cesar, en realidad no proviene de la Biblia, pero la doctrina sí.

No sólo la revelación se ha completado y ha cesado, sino que también lo han hecho las señales de que todavía se estaba dando la revelación. Aquí presentamos un breve resumen de seis pruebas bíblicas de que los dones de revelación (visiones, palabras de conocimiento, palabras de sabiduría y profecías) han cesado, así como los dones de señales (sanidades y hablar en lenguas).

Dios todavía sana, por supuesto, pero en respuesta a la oración y no a través de las manos de alguien que tenga un don de sanidad.

El controvertido pasaje de 1 Corintios 13:8-10 no se usará en este artículo para probar el final de los dones. Nos referiremos a pasajes que creemos que son concluyentes.

1. No más dones desde los apóstoles

La primera prueba del cesacionismo (el final de los dones de revelación y de señales) es que las sanidades y maravillas sólo podían ser hechas por los apóstoles y eran las señales que autenticaban su apostolado. En 2 Corintios 12:12, Pablo dice: “las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros”.

En la iglesia en Corinto, había algunas personas que cuestionaban el apostolado de Pablo. En su defensa, él dirige la atención a su don de sanar y de operar otras señales milagrosas, afirmando que sólo los apóstoles podían hacer tales cosas.

Un apóstol era alguien que había acompañado al Señor, que lo había visto tras su resurrección y había sido comisionado personalmente por él. Había recibido el poder de sanar como testigo especial de la resurrección. También era una persona que mostraría “toda verdad” por el Espíritu Santo (Juan 14:26 y 16:13) y que escribiría o respaldaría Escritura inspirada.

Los creyentes necesitarían saber quiénes eran los verdaderos apóstoles para respetar su autoridad única. Ellos debían conocerlos por sus sanidades y otras señales. La gente que no pertenecía al grupo de los apóstoles (que incluía a dos colaboradores citados por nombre) no podía hacer estas cosas. Si ellos hubieran sido capaces de hacerlo, entonces nadie estaría seguro de quiénes eran los verdaderos apóstoles.

En Hechos 2:43 y 5:12 de nuevo se deja bien claro que todos los milagros fueron hechos “por la mano de los apóstoles”. Estos eran en exclusiva sus señales. Asimismo, en Hebreos 2:3-4 los dones de sanidades están firmemente relacionados con los apóstoles.

Pablo era un apóstol en virtud de haber visto al Señor resucitado y haber sido comisionado directamente por él. Su falta de instrucción directa por Cristo fue suplida por recibir revelaciones especiales y únicas. Él afirma que fue “un abortivo” (1 Corintios 15:8), indicando que él era el único apóstol fuera del grupo original y que, por consiguiente, era el último apóstol (las pretensiones modernas a ser apóstol no coinciden con las calificaciones bíblicas, por lo que son inapropiadas y equivocadas).

Cuando la gente dice que el cesacionismo (el cese de los dones de señales) no se puede probar por la Escritura, se olvida de que el libro de Hechos dice específicamente que las sanidades y demás milagros eran exclusivos a los apóstoles, quienes ya han fallecido.

Cuando las iglesias habían crecido y se habían multiplicado, Pedro fue a Lida y después a Jope, realizando la famosa sanidad de Eneas y la resurrección de Dorcas de los muertos. Comunidades enteras estaban asombradas, porque ninguno de los demás creyentes en estos lugares podía hacer tales cosas.

Cuando un joven cayó desde una ventana en Troas, sólo había una persona presente que podía levantarlo de los muertos, y ese era Pablo. La idea carismática de que las sanidades eran hechas por numerosos cristianos simplemente no se encuentra en el Nuevo Testamento. Sólo vemos a los apóstoles que sanaran, junto con dos ayudantes o delegados apostólicos, Esteban y Felipe, y posiblemente Bernabé.

La única vez fuera de este grupo que se realizó una sanidad fue cuando el Señor dijo a Ananías que sanara a Pablo. No hay otra sanidad aparte de estas en la iglesia primitiva. La idea pentecostal/carismática de que los cristianos normales realizaban constantemente sanidades no se enseña en la Biblia. Por tanto, el relato infalible de la Escritura muestra que todo el enfoque carismático acerca de la sanidad es un error que está basado en un mito. El relato bíblico prueba que las sanidades y las obras poderosas estaban restringidas a una clase de personas que ya han fallecido.

2. El propósito temporal de las lenguas

La segunda prueba de que el cesacionismo (los dones de señales han cesado) se puede probar por las Escrituras es relativo al hablar en lenguas. La Biblia afirma que el hablar en lenguas fue dado por Dios específicamente como una señal para los judíos, señalándoles que había llegado la nueva era del Mesías.

En 1 Corintios 14:21-22, Pablo dice:

“En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor. Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes”.

En otras palabras, el don de lenguas fue una prueba milagrosa dada a los judíos que se resistían a creer en Cristo de que habían llegado una nueva era y un nuevo orden de iglesia. No era una señal para los judíos que habían creído, sino una señal de promesa y una advertencia a aquellos que no creían. No estaba dirigida a los gentiles, sino a los judíos.

Pablo citó Isaías 28:11, un capítulo en el que Isaías profetiza la venida de Cristo. Como señal a los judíos, Isaías dice que se hablará al pueblo judío por aquellos que tienen “lengua de tartamudos” y “extraña lengua”. Las lenguas gentiles los desafiarían, una experiencia sumamente denigrante para el pueblo judío. Al mismo tiempo, era una señal de que la era mesiánica incorporaría a los gentiles a la iglesia y que el Evangelio sería predicado en otras lenguas.

Esta sería la marca de la nueva era cuando Dios arriase la bandera de la iglesia judía y alzase la bandera de la iglesia judío-gentil de Jesucristo. Los judíos incrédulos, que resistieron a Cristo y se aferraban a las faldas de Moisés, verían que la Palabra de Dios les sería predicada en lenguas bárbaras y gentiles.

Todo esto ocurrió por primera vez en el día de Pentecostés. Los judíos fueron debidamente llamados y advertidos, pero las lenguas no se mencionan fuera de los Hechos de los Apóstoles y 1 Corintios 12-14, mostrando que habían cumplido su propósito de advertir a los judíos de que había llegado la nueva era.

Este anuncio de la era de la iglesia se cumplió mientras vivían los apóstoles, y la señal después les fue quitada. Lo que en la actualidad pasa por ser hablar en lenguas no se hace en presencia de judíos incrédulos y no tiene nada que ver con la señal del Nuevo Testamento. La señal de que la era de la iglesia ha venido ya sirvió para su propósito y entonces está sobrepasada por la realidad.

El Evangelio se predica ahora prácticamente en todos las lenguas del mundo y la señal de que esto iba a ocurrir ya se extinguió. El propósito de las lenguas (según la enseñanza de Pablo) se cumplió, probando así su no continuidad.

3. Las lenguas eran idiomas reales

La tercera prueba del cesacionismo se añade a la segunda, y es esta: que en el día de Pentecostés (y por un tiempo posteriormente) se dio un don de lenguas reales, lo cual no ocurrió más desde entonces. Debería ser obvio para nosotros que las lenguas milagrosas en el libro de Hechos y en 1 Corintios no han ocurrido nunca más desde aquellos días.

El hablar en lenguas de los tiempos modernos nunca es un lenguaje humano conocido, sino sólo una manera de hablar sin sentido e inconexa. No ocurre nada milagroso. En los tiempos del Nuevo Testamento, el que hablaba en lenguas había recibido por el Espíritu la capacidad de hablar una lengua real que nunca había aprendido y la gente que había crecido con ellos estaba asombrada.
El pueblo judío tenía que estar presente (puesto que era una señal específicamente para ellos). En el día de Pentecostés, muchos judíos que vivían en las regiones extranjeras oyeron sus propias lenguas y dieron testimonio de que los que hablaban lo hacían genuinamente. Después de Pentecostés, el Espíritu daría el don milagroso de entendimiento a intérpretes, de manera que se probase la autenticidad de la lengua. Nada de esto ha ocurrido desde los tiempos bíblicos.

En la actualidad, aquellos que defienden el hablar en lenguas señalan a 1 Corintios 13:1, donde Pablo, hablando hipotéticamente, dice que aun si hablase una lengua angélica, pero sin amor, no le sería nada para él. Buscando desesperadamente un texto, los maestros carismáticos toman estas palabras de Pablo como justificación de las lenguas extáticas y no lingüísticas, pero está claro para cualquier persona racional que esto es un grave abuso de este versículo.

Al describir lenguas literales, la Biblia efectivamente nos advierte que estos dones han sido quitados. Simplemente no han vuelto a ocurrir en ningún momento de la historia, en ningún lugar del mundo, desde los días iniciales de la iglesia. Lo que ocurre hoy es que algunas personas (que pueden ser cristianos sinceros), en su deseo de hacer lo que sus líderes insisten que es lo correcto, buscan expresarse fuera de las reglas del lenguaje. Sin embargo, ellos no hablan lenguas reales y ni siquiera entienden lo que están diciendo.

El cesacionismo está claramente enseñando en la Escritura, en virtud del hecho de que la misma precisa descripción de las lenguas reales dadas en la Escritura no puede ser aplicada a nada que haya tenido lugar desde entonces.

Desde los tiempos de la Biblia hemos tenido acontecimientos gloriosos de Reforma y poderosos avivamientos, cuando el Espíritu de Dios ha tenido a bien obrar con un poder excepcional. Sin embargo, no tenemos ningún otro registro de alguien que haya hablado una lengua que no haya antes aprendido. Esta es una prueba cierta de que el don de las lenguas bíblicas ha cesado.

4. No más instrucciones para designar profetas

La cuarta prueba del cesacionismo es esta: en el Nuevo Testamento no hay instrucciones acerca de la designación de apóstoles, profetas, sanadores o algo por el estilo. Esto es un asunto de una tremenda importancia, puesto que Dios ha dado un patrón detallado para la iglesia en el Nuevo Testamento. Es cierto que algunos cristianos no creen que la Biblia provea un modelo para la iglesia, pero la mayor parte de la gente que son bautistas y creyentes bíblicos lo hacen.

El apóstol Pablo nos ordena repetidamente que seamos sumamente imitadores de él en nuestra forma de gobierno y conducta eclesial, y las epístolas pastorales presentan cómo deberíamos comportarnos y funcionar en la iglesia de Dios. Se nos da el patrón preciso para la iglesia de todos los tiempos.

Desobedecemos a Dios si hacemos nombramientos en la iglesia que Él no ha prescrito u ordenado.

Tenemos instrucciones que presentan muy cuidadosamente cómo seleccionar a los ancianos docentes y gobernantes y diáconos, pero no instrucciones acerca del nombramiento de apóstoles (porque ellos no habían de ser perpetuados) o sobre cómo reconocer o acreditar a un profeta (porque los dones de revelación se acabaron cuando se completó la Biblia). Ni tampoco hay instrucciones sobre cómo nombrar sanadores.

Esto no es meramente un argumento a partir del silencio, sino una prueba de que estos oficios y funciones no habían de continuar. Las instrucciones para todos los asuntos de la organización de la iglesia están completas, son detalladas y completamente suficientes para la iglesia hasta que Cristo regrese. Desobedecemos el patrón perfecto de Dios si hacemos nombramientos en la iglesia que él no ha prescrito y ordenado. Desobedecemos la Escritura.

¿Cómo puede decirse que no hay una prueba segura de la Escritura de que los dones hayan cesado, cuando el patrón para la iglesia no da instrucciones para la continuación de portavoces inspirados y hacedores de señales? Esto es una prueba conclusiva del cesacionismo –a no ser que no mantengamos la suficiencia de la Escritura y no creamos que Dios ha dado un patrón para su iglesia–.

5. La revelación está ahora completa

La quinta prueba del cesacionismo es que la Biblia enseña claramente que la revelación está ahora completa. No puede haber nueva revelación después del tiempo de los apóstoles. Ya hemos notado que en Juan 14:26 y en Juan 16:13 el Señor Jesús dice dos veces a los discípulos que el Espíritu Santo, cuando venga, los guiará a toda Verdad.

Ellos serían los autores de los libros del Nuevo Testamento y los que autentificaban los libros inspirados del Nuevo Testamento que no provenían de sus plumas. Pronto toda la Verdad sería revelada y después de la era apostólica no habría más revelación de la Escritura. La Palabra sería completa.

¡Qué contentos estamos de esto! ¡En qué estado nos encontraríamos si la gente pudiera aparecer aquí, allá y por todas partes (como hacen en el mundo carismático) dándonos nuevas revelaciones! ¿Quién podría saber lo que es correcto y lo que es verdadero? Pero la Escritura es la regla final para todo, al ser completa y perfecta, suficiente y fidedigna.

Judas pudo hablar de la fe que fue “una vez dada a los santos”. Su epístola fue escrita posiblemente veinticinco años antes del libro final de la Biblia, pero era tiempo suficiente para que las doctrinas principales y las instrucciones de la iglesia hubieran sido reveladas. En esta última etapa de la revelación, él habla de la fe una vez dada, o mejor aún, dada una vez y para siempre. Virtualmente, está completa; pronto (desde el punto de vista de Judas) no habría más revelación.

Los versículos finales de la Biblia advierten que nada ha de añadirse o sustraerse de las palabras del libro del Apocalipsis, pero esto se aplica claramente a toda la Biblia y no sólo al último libro. Sabemos esto porque esta advertencia repite aquella que fue dada por Moisés en el primer libro de la Biblia (los cinco primeros fueron originalmente un libro), a saber, Deuteronomio 4:2: “No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordene” (palabras repetidas por Moisés en Deuteronomio 12:32).

Que la revelación está completa también se prueba por el hecho de que los apóstoles y profetas son descritos como el fundamento de la iglesia.

En Efesios 2:20 la iglesia está descrita como siendo edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas [es decir, los profetas del Nuevo Testamento], siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”. El fundamento es algo completo y estable, mientras que el edificio sigue siendo construido.

¿Y qué decir acerca de la profecía de Joel, citada por Pedro en el día de Pentecostés, que decía que cuando el Espíritu fuera derramado, todos los creyentes –hombre, mujer, ancianos y jóvenes– profetizarán? ¿No implica esto que la profecía continuaría literalmente hasta el regreso del Señor? No, porque nuestro entendimiento de esta profecía debe concordar con la irrefutable enseñanza de la Biblia de que la revelación pronto sería completa y que luego cesaría.

Esta revelación completa (especialmente el Evangelio) será el testimonio de los creyentes de todas las épocas, hombre y mujer, a través de todo el mundo, hasta el fin. Los creyentes continuarán a ver visiones y soñar sueños en el sentido de que abrazan, meditan y proclaman las “visiones y sueños” infalibles que se les da en la Biblia. Ellos no “profetizarán” en el sentido de recibir una nueva revelación. Ellos también soñarán los sueños de los planes y conquistas del Evangelio. En este sentido, la profecía de Joel todavía está siendo cumplida.
Las manifestaciones extraordinarias como las lenguas claramente habían desaparecido en el tiempo en el que Pedro escribió sus dos epístolas, puesto que él no da indicación alguna de que estos rasgos distintivos de los tiempos primitivos estén todavía en acción.

Como la revelación se completó en el tiempo de los apóstoles, vemos que la tarea de los apóstoles y profetas ya ha concluido. Y si los dones de la revelación se han acabado, entonces lo mismo ocurre con las señales que autentificaban a los escritores inspirados. Recordamos cómo Pablo dijo “las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros”.

¿Cómo se puede decir que no hay pruebas bíblicas para el cesacionismo cuando la Escritura dice rotundamente que toda la revelación se ha completado al principio de la era de la iglesia, hablando de ella como un fundamento?

6. La Escritura da testimonio del final de los dones

La sexta prueba del cesacionismo es que la Escritura muestra que los dones estaban en proceso de ser retirados en aquel mismo tiempo. Pablo, por ejemplo, quien poseía el poder apostólico para hacer señales y maravillas y milagros, no pudo, más adelante, sanar a Timoteo, o a Trófimo, o a Epafrodito.

También vemos la retirada de los dones de sanidades en Santiago 5, donde Santiago da instrucciones acerca de orar por los enfermos y de cómo los ancianos debían imponer las manos a los que estaban postrados en cama. Es evidente en este pasaje que ya no está más presente allí nadie que tenga el don de sanidades, sólo ancianos que oran.

Se menciona la unción, pero no se usa la palabra griega friccionar con aceite, más bien como remedio para los que tienen úlceras por estar postrados en cama. Santiago, en realidad, está diciendo: “No seáis tan celestiales que no hagáis uso de los medios terrenales, sino tomad algún alivio físico para la persona que sufre”.

Lo que más importa es la oración. Es evidente que en las instrucciones de Santiago no se da ningún mandamiento a alguien que tenga el don de sanidad de que sane o que dé un toque sanador al enfermo. La imposición de manos de los ancianos ordinarios es un acto simbólico, que comunica el amor, el cuidado y la responsabilidad de la iglesia.

El pasaje de Santiago contiene cuatro exhortaciones a orar, y prosigue su enseñanza de que debiéramos decir “si el Señor quiere, viviremos, y haremos esto, o lo otro”. Podemos y debemos orar por sanidad, pero puede ser la voluntad de Dios que el que sufre dé testimonio de la gracia de Dios en la enfermedad.

El punto principal para nosotros en este artículo es que no hay quien tenga un poder personal para sanar en Santiago 5. La sanidad es de Dios en respuesta a la oración. La actitud continua de la iglesia se ve cuando ora por sanidad, recordando que algunos son llamados a vivir como ejemplo de aflicción y de paciencia” (Santiago 5:10).

El hecho de que Santiago no mencione los dones de sanidad muestra inequívocamente que la posesión del poder de sanación fue retirada bien temprano a lo largo de la era apostólica.

¿Podría un lector neutral dar por sentado que los dones de la Biblia fueron para todas las épocas?

Se ha sugerido a veces que si a un nuevo convertido sin experiencia en la vida de iglesia se le encerrara en una habitación con una Biblia, nunca se le ocurriría que los dones carismáticos han cesado. Lo opuesto es verdad. Hay mucha gente (conocemos a algunos) que provienen de otras religiones y se han convertido a Cristo por la lectura en privado de la Biblia, y posteriormente se han integrado en una iglesia. Solamente a partir de la Biblia ellos no recibieron ninguna expectativa de que fueran a tener un escenario de dones carismáticos. Mucho más a menudo –de manera creciente a medida que el tiempo pasa– los creyentes abandonan las iglesias carismáticas al darse cuenta de que lo que ocurre allí no lo encuentran en la Biblia.
Al leer Hechos cuidadosamente, descubren que tan sólo el grupo apostólico sanó y sienten que han sido engañados por la noción carismático-pentecostal de que lo hacía mucha gente.
Algunos se preguntan sobre cuál fue el significado o propósito original de las lenguas, y cuando conocen por parte de Pablo que ellas fueron dadas específicamente para los judíos, entonces de nuevo se sienten engañados por sus maestros.

También sienten que han recibido una enseñanza falsa cuando se ve de manera evidente que las lenguas eran lenguas reales, lo cual es mucho más sobrenatural que el emitir sonidos incomprensibles.

Entonces, tan pronto como estos creyentes aprecian la importancia del patrón de la Escritura acerca de la iglesia, surge en sus mentes la pregunta: “¿Dónde están las instrucciones bíblicas para designar apóstoles, profetas y sanadores en la actualidad?” Ellos no ven instrucción alguna, y entonces se vuelven todavía más críticos con la enseñanza que han recibido.

Es entonces cuando se plantea la cuestión de la autoridad y suficiencia de la Escritura, y piensan: “¿No está la revelación completa? ¿Cómo, pues, pueden las profecías modernas ser válidas e inspiradas?” Se hace evidente que todas las profecías “autoritativas” que han oído son un gran error y un engaño.

Muchos creyentes razonables ven por sí mismos que, para los carismáticos, la Escritura es de importancia secundaria y está subordinada a la imaginación humana y a las experiencias misteriosas.

Finalmente, cuanto más estos amigos estudian la Palabra, tanto más ven la evidencia de que las señales desaparecieron poco tiempo después de su espectacular aparición inicial.

Todo lo anteriormente dicho no significa que el Señor no mueva a su pueblo a recordar deberes o verdades, o que no los inste a hacer algunas cosas, o que no los advierta de peligros inminentes. Estas cosas son indicaciones divinas, pero no revelaciones o dones.

Hay casos registrados en la historia de la iglesia de gente que tiene una indicación de parte de Dios acerca de una persona o de un acontecimiento peligroso, pero estas cosas nunca son revelaciones de doctrina. Encontramos tales cosas en tiempos de severa persecución. Por ejemplo, antes del tiempo de la perestroika en Rusia, oímos de casos muy verídicos en los que siervos de Dios muy importantes fueron liberados de manera maravillosa de ser detenidos porque Dios le dio la impresión a alguien de que no fueran a un lugar en particular. Después se supo que en aquel lugar había una emboscada de la policía de la KGB que los estaba esperando. Sin embargo, nadie de los que recibieron estas indicaciones había recibido un don regular, y ciertamente no recibieron una revelación autoritativa acerca de una verdad doctrinal. Dios puede hacer todo tipo de cosas para liberar y bendecir a su pueblo, pero esto en ninguna manera significa que los dones apostólicos o proféticos reaparezcan de nuevo en las personas.

El daño de la enseñanza carismática

Muchos carismáticos llegan a ver la enorme diferencia entre la Biblia y lo que les han enseñado. A menudo, estas personas que tienen dudas tienen problemas por el hecho de que un gran número de católicos-romanos, que confían en María, la misa y las obras para salvación, también sean capaces de hablar en lenguas y profetizar. Muchos también dan culto exactamente de la misma manera que los carismáticos protestantes.

Los carismáticos que tienen dudas pueden asimismo oír que hay sectas no cristianas que también hablan en lenguas. No necesitas ser un cristiano salvo para hablar en las lenguas del estilo carismático, porque no es un verdadero don del Espíritu.

Hay muchos cristianos sinceros en el movimiento carismático, pero creemos que el intento de hacer revivir los dones de revelación y de señales es un error muy dañino. Podemos ver el daño en la aparición de amplios sectores del movimiento carismático en los que el Evangelio virtualmente ha desaparecido, sepultado bajo extravagancias antibíblicas.

Hay amplios grupos carismáticos que ahora niegan la sustitución penal de Cristo y algunos incluso niegan la Trinidad. (Uno de los predicadores y escritores carismáticos más famosos del mundo niega la doctrina de la Trinidad).

El estilo de música de entretenimiento del mundo domina en las iglesias carismáticas, incluso música del tipo más extremo y profana. La pantomima teatral de los líderes carismáticos ávidos de dinero se puede contemplar a cualquier hora en canales de televisión religiosos y la herejía del evangelio de la prosperidad se encuentra al parecer por todas partes.

Numerosos charlatanes y pícaros han conseguido muchos seguidores, realizando sus supuestas “sanidades” en grandes lugares de reunión en todo el mundo. Incluso las técnicas de música de variedades y de adivinación se presentan como poderes espirituales en iglesias que antiguamente fueron respetadas.

La poderosa corriente que continuamente impulsa al movimiento carismático cada vez más y más lejos de la Biblia evidencia un error grave y fundamental, a saber, la idea de que los dones de revelación y de señales son para todas las épocas. Experimentarlos comporta un doble error: primero, el de rebajar los dones a algo no milagroso (por ejemplo, al convertir lenguas reales en sonidos no lingüísticos); y segundo, el de rebajar la Escritura, que se ha de inclinar ante experiencias imaginarias de sueños, visiones, “palabras del Señor” y revelaciones similares. También está el daño hecho a los cristianos en particular, cuya fe está desviada en gran manera del Señor y su Palabra a los fenómenos y las sensaciones.

Oramos sinceramente para que Dios libre a aquellos que son sus verdaderos hijos del daño creciente de este salvajemente equivocado alejamiento de la Escritura. Es perfectamente posible probar que el cesacionismo es la verdad bíblica.

Usado con permiso. Traducción de IBRNB.